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Irán observó y aprendió.

19 de diciembre de 2003.

Gadafi hizo un anuncio sorpresa. Libia desmantelaría voluntariamente todo su programa de armas. Componentes nucleares. Armas químicas. Misiles balísticos. Todo. Entregó centrifugadoras, planos, material enriquecido, todo, a inspectores estadounidenses y británicos. El OIEA verificó cada pieza. Funcionarios estadounidenses lo calificaron como “una de las raras ocasiones en que un Estado se ha ofrecido voluntariamente a deshacerse de sus programas de armas de destrucción masiva”. Se levantaron las sanciones. Las inversiones llegaron a raudales. Gadafi estrechó la mano de Tony Blair. Se reunió con Condoleezza Rice. Consiguió un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El Departamento de Estado de EE. UU. declaró públicamente a Libia “un modelo para otros países”. Mencionaron específicamente a Irán y Corea del Norte. Incluso le pidieron personalmente a Gadafi que aconsejara a esos países que siguieran su ejemplo. Era el símbolo de hacer lo correcto.

Ocho años después. Octubre de 2011.

La OTAN bombardeó Libia durante siete meses. Rebeldes apoyados por la fuerza aérea occidental encontraron a Gadafi escondido en una alcantarilla de su ciudad natal. Fue capturado. Golpeado. Ejecutado. Hillary Clinton se enteró de su muerte durante una entrevista televisiva.

Su respuesta, ante las cámaras: “Vinimos. Lo vimos. Murió”. Se rió.

Corea del Norte estaba observando. Su Ministerio de Asuntos Exteriores emitió un comunicado oficial de inmediato:

“Se ha demostrado a todos los rincones del planeta que la renuncia de Libia a sus armas nucleares se utilizó como táctica de invasión para desarmar al país”. Kim Jong-un declaró públicamente que había aprendido “una lección de los países de Oriente Medio”. Años antes, funcionarios británicos y estadounidenses le habían dicho a un alto diplomático norcoreano que Libia se había vuelto más segura tras renunciar a sus armas. Él sonrió y dijo: “Ya veremos qué pasa”.

Entonces, Gadafi fue asesinado.

Irán también presenció los hechos.

Khamenei declaró públicamente que Irán no seguiría ese camino, y que Irán había intensificado sus esfuerzos nucleares precisamente por lo sucedido con Gadafi. La conclusión a la que llegaron todas las naciones fue la misma. La única garantía de supervivencia es un arma que Estados Unidos no puede ignorar.

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